Daniel R. Scott
"En el trabajo que se hace para Dios no hay pérdida" ( Maria Quiñones, 14 Noviembre 2009 )
Si hubo una hermana que supo encarnar la inmortal frase bíblica: "Para mí vivir es Cristo." esa fue la hermana Maria. Cristo era su Señor, Salvador, la razón de su vida, una práctica, el resorte y la acción de su ser, un estado de conciencia y el principio rector de su existencia. Como dijo alguien, ella era "un santo donde Cristo vuelve a vivir." O como decia el adagio latino: "El cristiano es otro Cristo." Aun la veo en compañía de los hermanos Hilda y Pablito, visitando hospitales, orando por los enfermos, consolando al decaído, visitando hogares a los cuales se llegaba subiendo o bajando cerros escabrosos y empinados, para llevar a los pobres de espíritu el Evangelio de Jesucristo. "Es una anciana con un corazón y una vitalidad de mil jóvenes", pensaba yo admirado y conmovido, cuando la veía cruzar la peligrosa carretera del sector de "Las Palmas."
La visité el lunes anterior a su partida. Estaba débil. Sin embargo tenía fuerzas para sostener una conversación clara y coherente conmigo. Cantamos un himno titulado "Cerca de Ti Señor", compartimos una porción de esa Palabra de Dios que ella tanto amó y luego nos despedimos elevando una oración a Dios.
Su hija me acompañó hasta la puerta de la casa. Me comento entristecida que la hermana María veía ángeles a su alrededor. Me despedi y caminé rumbo a la parada, pensando en el asunto de los ángeles. "Pero la hermana mantiene su lucidez" meditaba. Una vez que abordé el autobús, abri al azar un libro que había comprado horas antes, y lo primero que encontré fue el sermón numero 11, titulado: "Los ángeles de Dios." Mi sorpresa fue grande, mayor aún cuando lei: "Los ángeles pueden llevarnos a la Presencia de Dios en la muerte." Y a continuación dieron un ejemplo basado en la Biblia. Confieso que en ese momento me senti situado en la frontera de lo visible e invisible, de lo natural y lo sobrenatural. Lo que ven nuestros ojos físicos no es todo lo que existe. Ciertamente ángeles custodiaban a mi hermana en la espera de llevarla a su morada eterna.
Tres días más tarde, apenas despuntando el alba, María partió con el Señor. Llegué al hospital amaneciendo. Pregunté por ella y estuve a su lado largo tiempo. Su rostro sereno daba la impresión de estar dormido, tanto que cualquier ruido parecía poderla despertar. Sus mejillas se conservaban tibias. Su cabello, de un blanco y plateado purísimos, parecía celestial. La hermana fue sepultada con la bata de mangas largas que usó cuando bajó a las aguas, el día de su bautismo. La conservó para esta ocasión. Hasta en ese detalle su vivir "era Cristo."
María Quiñones está en el Cielo, el lugar más perfecto y hermoso que se pueda concebir. Un lugar literal. Dice Billy Graham: "En el cielo estaremos con Dios. El Cielo es muchas cosas, pero esta es la más importante: ES LA MORADA DE DIOS. ¡Es el lugar donde Dios vive! El Cielo es una dimensión totalmente distinta de la existencia."
Del Cielo se dice: "Estaremos siempre con el Señor." ( 1 Tesalonicenses 4.17 )
Siempre y cuando Jesucristo sea el Señor de tu vida aqui en la tierra.
26 Noviembre 2009
Imagen tomada de http://versaliaii.blogspot.com/2008/03/porque-siempre-esperan-el-ngel.html
Imagen tomada de http://versaliaii.blogspot.com/2008/03/porque-siempre-esperan-el-ngel.html